Historia del Molino Solacuesta (El "Ingenio del Agua")

Finalizaba el año de 1604 y la necesidad de agua en “la casa del castillo” se hacía sentir con apremio. Estaban muy adelantadas las obras pero no estaba previsto el suministro de agua para la casa ducal.

Corría próximo al castillo el río Arlanza, que podría suministrarla por su magnífica situación, pero existía la dificultad de su elevación, ya que la nueva fábrica se encontraba a 42 metros sobre el nivel del río. Para salvar esta diferencia de cotas era preciso el uso de un “ingenio” que elevara las aguas empleando su propia corriente como fuerza motriz.

Estos “ingenios” eran muy apreciados en aquella época, por ser el único procedimiento disponible para subir las aguas a otros puntos más altos. Y el duque de Lerma encomendó probablemente el estudio de uno de esos “ingenios” para su castillo, al arquitecto Francisco de Mora, el cual estaba bien instruido en la materia, según se colige de los varios libros que poseía sobre el particular de tratadistas italianos, y de que a sus trazas se deban otros “ingenios” análogos, como el molino para la “Casa de Compaña” del monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial, y las instalaciones del “ingenio de la Moneda” de Segovia.

Ya por enero de 1605 tenía el duque de Lerma las instrucciones precisas para la construcción del “ingenio” que debían montar en su villa, y las de otro que pensaba disponer en la Ventosilla.

El lugar elegido para la toma de agua y, por tanto, el del emplazamiento del “ingenio”, fue “el cauce del molino de Solacuesta”, en el río Arlanza, donde poseía el duque “seis molinos con doce ruedas”.

Dichos molinos, con todos sus accesorios, estaban perfectamente acondicionados, formando unidad de un edificio, y el duque los arrendaba anualmente.

La fabricación de las piezas necesarias para el “ingenio” y su montaje inmediato fueron muy rápidos. En el mismo mes de enero de 1605 se encargaron las ruedas y “demás obra de carpintería” a Domingo de Olamiza los trabajos de hierro, al herrero Pedro Sánchez; y los caños de plomo y “bombas de metal”, al ingeniero Pedro de Armaolea, a cuyo cargo estaban otros “ingenios” semejantes, propiedad del duque de Lerma, en Ampudia.

Muy adelantado debió de quedar todo ello, al correr de los tres meses siguientes, porque ya en el de abril de ese año 1605, y para asentar los ejes de las ruedas del “ingenio”, encargadas a Domingo de Olamiza, se tenían establecidas las condiciones para la construcción de dos paredones “en el cauce del molino de Solacuesta” y el acomodo de uno de los “arcos” del molino. Estas condiciones se pregonaban el 3 de abril; al día siguiente, los oficiales de cantería Pedro Escudero y Francisco de Fonfría hicieron su postura, y con fecha 19 de ese mes concertaron la obra, que en el siguiente, de mayo, ya tenían concluida.

Llevóse madera de Escarda, que fue convenientemente aserrada. Se ordenó “mondar los salientes” del río y colocar una puerta con sus herrajes y clavazón.

Pedro de Armaolea y Domingo de Olamiza dejaron este “ingenio” funcionando, posiblemente, entre los meses de septiembre y octubre de 1605. Más adelante, el duque de Lerma encomendó también la conservación de este “ingenio” a Pedro de Armaolea.

 

 

(D. Luis Cervera Vera “Conjunto Palacial del Siglo XVII de Lerma”)

 

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